"Escuché a Celia Mur, por primera vez y por casualidad en Nueva York; un amigo común me dejó un disco que se llamaba “Las flores de mi vida” y me dijo, escúchalo, ya verás qué arte tiene esta mujer cantando. Lo metí en el discman y paseé su música durante toda la mañana. La voz de Mur me impresionó desde el primer momento, no tuve que hacer ese esfuerzo que se hace con los discos nuevos, aunque luego con el tiempo nos gusten mucho. La voz de Celia Mur es sorprendente en un país como el nuestro en el que las cantantes de jazz escasean o son poco conocidas o, lamentablemente, no son demasiado buenas. La voz de Celia Mur posee ese don natural que necesitan las grandes cantantes, esa naturalidad y ductilidad con la que se nace, pero la voz de nuestra dama tiene también toda la sabiduría de una gran educación musical; en su forma de cantar encontramos la tradición de las grandes cantantes del jazz a las que, estoy segura, habrá escuchado y admirado muchísimo, está la gracia del flamenco que tuvo cerca, desde su niñez, en casa; está la cercanía familiar con la música, con los juegos, los trucos y el humor que sólo posee aquel que ha crecido desde niño entre músicos. Celia Mur echa mano de todos aquellos estilos musicales que le gustan, el jazz, el flamenco, el pop, y aunque no es algo nuevo ese coqueteo con las mezclas, siempre es una aventura arriesgada, pero la voz de Celia, prodigiosamente, se salta las fronteras y pasa del requiebro de una copla a la improvisación jazzística. Hay que agradecerle que resista, que no se achante aunque sabemos de sobra que la vida profesional es difícil para los cantantes de su calidad y su autoexigencia, hay que agradecerle que cante, que elija con tanta sabiduría a sus músicos y a los arreglos con los que adorna las melodías, hay que ayudarla a que sea todo lo conocida que debiera ser, y desde luego hay que quererla, porque no hay mejor compañía para la vida y para los paseos callejeros que la voz humana, que la voz de Celia, esa voz preciosa, clara y limpia, que una vez que se escucha ya no se olvida nunca, una voz que nos da felicidad."

   "[...] your CD is beautiful, everything in it: the songs (I LOVE as Rosas Nao Falam), the musicians, the arrangements, and the package [...] Satchmo did a great job and you must be really happy and proud of it [...]

   Thank you for sharing your music with me and congratulations. I am sure that this will bring you many many opportunities."

   "Este espléndido "Footprints" es la prueba definitiva que le faltaba a Celia Mur para que se generalice la certeza de que, como dice en sus notas de programa Federico García Herráiz, estamos ante la voz más completa del jazz español. Con unos agudos cristalinos y suavemente perfilados y dueña de unos medios de absoluta naturalidad, Celia Mur ataca con sensual arrastre un "Caravan" dotado de un conviencente deje meridional. Como demuestra una y otra vez en su directo, una de las principales bazas de la cantante granadina es el "scat". Aquí se reparten pruebas de que su canto sin palabras no se adhiere a la exhibición espectacular, sino que apunta a la consecución de expresividad personal. Así ocurre, sobre todo, en el tramo de voz instrumental de "Stars on Alabama", en una versión rítmicamente irrestible de "Rhythm-A-Ning" de Monk y en un "Footprints" de Wayne Shorter que abre para la cantante una rica perspectiva de sugerencias armónicas."
   "Celia es a estas alturas una <<gran dama>> del jazz español, y se pasea por derecho por los festivales mas importantes del ramo…"

   "…debieramos estar orgullosos de que un grupo asi nos representara fuera de nuestras fronteras."

   El ciclo Noches de jazz en Las Adelfas inició ayer su nueva edición en el hotel situado en la avenida de La Arruzafa con la actuación de Celia Mur Quinteto.
   Mur -que entró en la música a través del flamenco- está considerada como uno de las mejores voces femeninas dentro del jazz. En este género, Mur -hija de un músico flamenco- ha publicado recientemente el disco Las flores de mi vida, su segundo álbum en solitario y alejado de las propuestas que suponía Footprints, el álbum de debut.

   Granadina, entró en la música aterrizando en su lado natural, el flamenco. Ahora, sin embargo, es una de nuestras mejores voces femeninas dentro del jazz. “Empecé, aproximadamente, hace diez años. Soy hija de músico flamenco y estaba claro que involucrarme dentro de la música era algo inevitable. Lo del jazz surgió cuando, con doce años, me empezaron a regalar discos de Stevie Wonder, Michael Jackson, Dianna Ross… toda la black music que podíamos escuchar en la radio. Empezó a seducirme porque creo que tiene mucho que ver con la música flamenca. Ambas son músicas que, en el fondo, tienen la misma esencia: son músicas de verdad”.

   Dentro del jazz, Celia ha publicado recientemente “Las flores de mi vida”, segundo álbum en solitario y considerablemente alejado en sus propuestas de lo que, a principios de 2002, mostró en “Footprints”, su debut. “Aquél era mi presentación oficial y era más standard. En ese momento quería grabar un repertorio eminentemente jazzístico que me apasionaba. ‘Las flores de mi vida’ es mucho más personal, más abierto, y tiene justo lo que quería hacer: temas de mi padre, standards andaluces, latinoamericanos y brasileños. Eso también forma parte de mí, y es todo muy fresco, ágil y moderno”, comenta Celia. Ambos discos no son, sin embargo, la totalidad de la obra grabada por la vocalista; también tiene en su currículum dos discos más junto a la Blues Band de Granada, en el último de los cuales incluso compone un par de temas. “Estoy muy contenta con mi producción hasta el momento. Siempre he quedado muy satisfecha con los resultados teniendo en cuenta que son producciones modestas”, añade.

    Lo mostrado en “Las flores de mi vida” remite a una vocalista de gran talante, amplia sensibilidad y un excelente criterio a la hora de elegir un material que le queda que ni bordado. “Es un repertorio que canto desde pequeña”, dice, “y empecé a darle forma hace cinco años junto al pianista Cristóbal Montesdeoca”. Cristóbal participa, lógicamente, en el álbum, aunque a la hora de destacar instrumentistas uno no puede evitar fijarse en la aparición de Perico Sambeat y Tony Belenguer, músicos invitados que han pasado por aquí para echar una mano. “Perico conoció esta maqueta hace algunos años y le encanto el proyecto, así que no fue difícil contar con él. Nos conocemos desde hace algún tiempo y tenerlo ha sido un honor. Tony también es compañero mío desde que me trasladé a Valencia, donde resido desde hace dos años. Arregla de maravilla y creo que es uno de los mejores trombonistas del país. No hubo que explicar mucho. Enseguida se implicó”.

    Celia, que cita entre sus músicos favoritos a artistas de los más diversos territorios (desde Chano a Sarah Vaughan y desde Carmen Linares a Djavan, por ejemplo), cree que, en el momento actual, puede aportar “autenticidad, honestidad, gusto, trabajo y valentía”, cosas que llegan de modo natural cuando “haces algo en lo que crees profundamente”. En contra de lo que sucede en el mundo del pop, donde parece que con ponerse minifalda y colocar cara de vampiresa todo está solucionado, en el terreno del jazz las vocalistas no lo tienen tan fácil dentro del mercado español. “Para ser cantante de jazz tienes que ser músico y, además, músico de jazz. Es una música poco divulgada que la gente confunde con otros términos. Puede que sea debido al desconocimiento que hay en España sobre esta música”, comenta añadiendo que, en nuestro país, “hay un colectivo de músicos de jazz muy serio y de mucha calidad. Pero estamos solos, por desgracia”.

    Las barreras que artistas como Celia tienen para contactar con el público mayoritario no disminuyen en demasía cuando se trata de acercarse, incluso, al público más directo de esta música. “Nos falta que apuesten por nosotros, que se mojen un poco y pasen de los supermegamanagers del universo que colapsan la entrada a los festivales a músicos españoles. Si se hiciera eso no habría grupos de primera o de tercera, sino grupos con una gran experiencia y otros más noveles que también tienen la necesidad y el derecho de mostrar su trabajo y vivir dignamente”. En su reivindicación, Celia llega a invocar al Ministerio de Cultura dado que, según ella, no atiende debidamente a los músicos nativos en comparación con lo que se realiza con los extranjeros. Aun así, la granadina no se arruga y, si no puede crecer aquí, no tiene reparo en cruzar el charco y volar directamente a los Estados Unidos. “Tengo previsto estar hasta primeros de marzo en Nueva York, estudiando y trabajando. Me llevo mi disco por allí a ver qué pasa. Soy mi manager. Voy a cantar también en una iglesia en Brooklyn, así que, durante este tiempo… aprender, trabajar y vivir”.
Como se puede comprobar, aunque las expectativas comerciales de su obra no sean para tirar cohetes, eso no va a impedir a la vocalista continuar cumpliendo sus sueños. “Quiero seguir trabajando como hasta ahora y que mis condiciones económicas sean mejores, como cualquier otro profesional. Y, tal vez, poder grabar en el futuro, sin prisas. A ver si pudiese trascender un poquito más mi trabajo…”.

   La vocalista, que apareciera discográficamente con “Footprints” a finales del 2001, regresa ahora con una propuesta absolutamente diferente. Si en aquél Celia se mostraba académica dentro del jazz norteamericano e incluía algún que otro tema propio, en su nuevo “Las flores de mi vida” ha querido trasladar su lenguaje jazzístico a canciones del repertorio popular en castellano. Y da lo mismo que éste provenga de standards latinos tipo “Nostalgias” o que coquetee con terrenos poperos agitados por Calamaro (“Sin documentos”).

   El repertorio, valiente y diverso, sirve para dejar una vez más constancia de que el jazz es un lenguaje, no una ristra de canciones marcadas en piedra con el paso de los años. Todo se puede abordar desde el jazz y, al igual que los norteamericanos lo hacen con su música, bien podemos nosotros hacerlo con la nuestra. En el terreno instrumental, los frutos de entender el asunto así son ya considerables. En el jazz vocal, sin embargo, no siempre se ha cuajado un resultado tan notable como el que se alcanza en este álbum.

   Bien es cierto que la voz de Celia es de las que encaja con soltura en cualquier lado, pero, con las mismas, también habría que hacer notar que determinadas piezas elegidas cuentan con una melodía de voz tan cuadrada que difícilmente se las saca partido. Paquito D’Rivera decía en una ocasión que muchos standards latinos, cuando pierden la letra, se quedan en una auténtica simpleza. El reto al abordarlos pasa no ya por recrearlos o versionearlos con cierta clase, sino, prácticamente, por reinventarlos. Celia, en ese aspecto, cuenta con un buen apoyo por parte de sus músicos.

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