Paco Espinola
La Opinión de Granada

sobre coloreados....

Kiko Aguado y Celia Mur son pintores. Cada nota la han percibido mentalmente con un color. Por tanto, el color de la música es el resultado de la combinación de los colores de sus notas. En su paleta hay ese sentido de lo hondo, o de lo jondo, que es, como se sabe, el doble fondo que traen de contrabando los sentimientos más puros e inexpresables, pero que aquí han querido comunicarnos con los medios justos para emocionar: voz y guitarra. Nada más. Sencillo, pero no simple. No nos confundamos. Kiko Aguado y Celia Mur son de los que creen que el ‘tempo’ es oro.
Ambos están señalados, y de muy cerca, con el don de la insinuación, de la gracia, de la elegancia y, desde luego, de la música, una música que suena en sus canciones de dentro afuera, mezclando olores, colores y sabores. Por eso no hace falta buscarle etiquetas, traducciones o localizaciones en ficheros alfabéticamente ordenados. Mientras los planetas jazzísticos giran alrededor de la fusión, la infusión y la confusión, cantan a la mañana o se angustian con problemas domésticos, Kiko Aguado y Celia Mur, más solos que la luna, nos regalan en este disco la gracia, el guiño y la melancolía de unos colores que no pierden la sonrisa.


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